lunes, 23 de marzo de 2009

Hola

“Hola” escribe, y miro la imagen de su display, “sigue igual de posera”, pienso. Me envía un zumbido pero aún así no contesto, mis ganas de teclear son las que ella tiene por la ortografía. “Moyesa”, me dice, y recuerdo los potes de moyesa, de tomasa y de kichu al final del counter en el que pasaba ocho horas diarias manipulando una caja y vendiendo una sonrisa. “Señorita, qué tal?” contesto con el desinterés disfrazado en un emoticon, “¿seguirá igual de puta?”, pienso alzando los ojos. “Alli ps; enter; tu como stas”; “Se podría decir que bien, pero (emoticon) no sé; enter; a ti qué tal te va?”. Contesta en cursiva y en rosa, con ese lenguaje de abreviaturas que a veces hacen ininteligible lo que dice. Cambia de imagen pero es como si fuera la misma, similar ángulo, picado; similar plano, medio; mismo rostro, “ahora usará de contacto?”. Hablar con ella siempre me resultó aburrido y apuesto a que era recíproco, por tal continuar una conversación por el Messenger era una hazaña que no estaba dispuesto a efectuar. Pregunta – respuesta, nada de comentarios, un jajaja brincando, un smiley retorciéndose de risa en el espacio, ninguna sustancia, como cuando paseaba mis manos por su vientre, sólo quería tirar, nada más, ¿estar? Ella no hubiera aceptado, ella era eso que no estoy dispuesto a repetir en el texto.

Responde mis preguntas forzadas, “seguirá con el mismo pata?”, sí, que le iba bien en el banco, que compró su entrada para el concierto de Andrea Boccelli, que sí, sí, sí, y dejé de preguntar ¿Por qué no me la llegué a tirar? No sé, era tan huevón entonces, algo de miedo quizá, pero sí, me calentaba, cómo me apachurraba, cómo disfrutaba de su cuello, de su rostro, de su vientre, su vientre, era una calentadora “seguirá igual?”. Dejé de preguntar y al rato cambié de estado a No Conectado hasta que ella cerrara su cuenta, o al menos lo aparentara. En fin, nos seguiremos cruzando, ella con sus nicks estúpidos dignos de su cerebrito escuchando esas tonterías pop que tanto me joden, y yo creyéndome la gran vaina, y pasará un buen tiempo hasta que ella vuelva a decir Moyesa y repetiremos el mismo proceso.

domingo, 15 de marzo de 2009

Revisión

Esos ruiditos alimentan la parte inferior del monitor, de color naranja parpadean y luego se quedan quietos como muertos cansados de esperar que se les atienda, tu estado es ausente. Tú lees la columna de Álvarez Rodrich en La República y te percatas que te es imposible leer tus costillas y que olvidaste el nombre del columnista de Perú21 que farfulló sobre la izquierda de hoy. Tu estado es ausente y sólo 9 conectados te acompañan de lo cuales dos te hablan lanzándote timbres naranjas y a ti no te interesa contestarles, sin embargo tu Messenger continúa abierto y no tienes la menor intención de cerrarlo pues esos 9 estados que ahora son 10 y ya son 11 te rescatan del dado en el que despertaste con hambre, con sed y con la puerta garabateada con alguna firma. Tú escuchas a Luis Eduardo Aute y relees un post de Tu Vida es Puro Teatro y te das cuenta que el poeta no deja de ser humano y que también te has enamorado de Blanca Varela como lo hiciste de César Vallejo y de Javier Heraud porque escribieron lo que a ti se te habría ocurrido si ellos no lo hubiesen escrito antes que tú, y que el acuerdo comercial con Chile es una mierda y que acabó la canción de Aute y escuchas un ¡Carajo! de Flor de Retama.
Son 5 conectados, 3 ausentes y 2 no disponibles. Te das cuenta que algunos son amigos con los que no parlas hace ya mucho tiempo, que ya casi son las dos de la tarde y que aún no almuerzas. Te percatas que algunas canciones de Pablo Milanés te aburren y que el desencanto y la luz son parte del descubrimiento de tu vida, y con horror descubres que podrías morir sin entender todo lo que quisieras. Ahora ingresas al blog de Eloy Jáuregui en el que busca una ruca y te excita su historia de hospital y no se te ocurre que pueda ser falsa, luego visitas su otro blog y lees el texto por la muerte de Guillermo Thorndike -un chucha- y comentas por comentar porque quieres que tu nombre aparezca allí. Te lees El Comercio, La República, Perú21, Correo y La Primera, o bueno lees a sus columnistas y aún no puedes leer tus costillas ni la muerte que se pasea por tu habitación y tú ingenuamente asientes, es el aburrimiento… Ya pasó un día desde estas palabras, acabas de leer el último Pandemonio de Beto Ortiz y lo odias y más aún a Andrés Edery y más a ti por esas razones que no vomitas en ningún lado, guárdate el writeo hasta la siguiente.