La última vez que la vi por poco pierdo los ojos que deseaban seguirla. La última vez que la sentí creo que morí sobre su hombro, y quizá sigo allí esperando al tercer día y si no al cuarto al quinto al que sea para estrellar su vida otra vez contra la mía, que creía muerta pues me pareció escuchar ello.
Las últimas veces nadie las guarda en la memoria pues tienen un lugar secreto y afelpado en el corazón algo así como un hoyo de gusano a otro color, o como que nadie se aventura a escribir el punto al final porque no es eso, o sea es creíble que falta mucho para acabar o eso queremos creer, por eso seguimos escribiendo aquello que a nuestra lengua le jode pero a nosotros no. Como que para seguir viviendo hay que torear al dolor, o a veces hay que ser triste para seguir el ritmo a la noche. Si esta vez se guardara en la memoria significaría que volvimos a la normalidad, y no quiero que sea así.
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