Esos ruiditos alimentan la parte inferior del monitor, de color naranja parpadean y luego se quedan quietos como muertos cansados de esperar que se les atienda, tu estado es ausente. Tú lees la columna de Álvarez Rodrich en La República y te percatas que te es imposible leer tus costillas y que olvidaste el nombre del columnista de Perú21 que farfulló sobre la izquierda de hoy. Tu estado es ausente y sólo 9 conectados te acompañan de lo cuales dos te hablan lanzándote timbres naranjas y a ti no te interesa contestarles, sin embargo tu Messenger continúa abierto y no tienes la menor intención de cerrarlo pues esos 9 estados que ahora son 10 y ya son 11 te rescatan del dado en el que despertaste con hambre, con sed y con la puerta garabateada con alguna firma. Tú escuchas a Luis Eduardo Aute y relees un post de Tu Vida es Puro Teatro y te das cuenta que el poeta no deja de ser humano y que también te has enamorado de Blanca Varela como lo hiciste de César Vallejo y de Javier Heraud porque escribieron lo que a ti se te habría ocurrido si ellos no lo hubiesen escrito antes que tú, y que el acuerdo comercial con Chile es una mierda y que acabó la canción de Aute y escuchas un ¡Carajo! de Flor de Retama.
Son 5 conectados, 3 ausentes y 2 no disponibles. Te das cuenta que algunos son amigos con los que no parlas hace ya mucho tiempo, que ya casi son las dos de la tarde y que aún no almuerzas. Te percatas que algunas canciones de Pablo Milanés te aburren y que el desencanto y la luz son parte del descubrimiento de tu vida, y con horror descubres que podrías morir sin entender todo lo que quisieras. Ahora ingresas al blog de Eloy Jáuregui en el que busca una ruca y te excita su historia de hospital y no se te ocurre que pueda ser falsa, luego visitas su otro blog y lees el texto por la muerte de Guillermo Thorndike -un chucha- y comentas por comentar porque quieres que tu nombre aparezca allí. Te lees El Comercio, La República, Perú21, Correo y La Primera, o bueno lees a sus columnistas y aún no puedes leer tus costillas ni la muerte que se pasea por tu habitación y tú ingenuamente asientes, es el aburrimiento… Ya pasó un día desde estas palabras, acabas de leer el último Pandemonio de Beto Ortiz y lo odias y más aún a Andrés Edery y más a ti por esas razones que no vomitas en ningún lado, guárdate el writeo hasta la siguiente.
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